Nos sentamos a conversar con el carismático coach, autor y conferencista durante su visita a Quito en el marco de su charla Crear, Creer, Crecer, que llegó a la capital gracias al impulso de BLB, Building Leaders in Business, Capacitación & Consultoría.

Por: Patty Salame   Producción: Johanna Konanz   Fotos: Soledad Rosales   Asistente: Julia Villarreal. Maquillaje: Juan-Carlos Salazar @juancarlosmakeup

¿Cuál es la pregunta que los seres humanos deberíamos dejar de hacernos para ser felices?

¿Seremos suficiente? Los seres humanos nos hacemos demasiado esa pregunta, que viene desde la carencia, desde una mentalidad de pobreza, pero pobreza interior, desde una mentalidad de insuficiencia. Esa fue la pregunta que yo me hice por muchos años y claro, con ella siempre ponía en duda mis talentos, mis capacidades; esa pregunta a mucha gente le ha bloqueado su creatividad, le ha encogido su umbral de merecimiento a la mínima expresión y por eso vivimos infelices. Es una pregunta que viene de tu inconsciente, de esa vocecita que te dice que no puedes, que eres muy pequeño en el universo tan inmenso que existe. No hagas caso a esa vocecita, tienes que constantemente responderte a ti mismo, “Sí, sí soy lo suficiente, ¡claro que puedo!”.

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Tu historia refleja que te has transformado desde la crisis y la carencia, así como también desde la comodidad y la abundancia cuando saliste de CNN en español para iniciar esta nueva etapa. ¿Son transformaciones de alguna manera comparables o tú iniciaste dos caminos de gran desafío desde puntos de partida diferentes, quizá opuestos?

El primero, cuando salí de Cuba, fue la desesperación. Siempre digo que agradezco que mi motor de transformación personal más importante ha sido la desesperación, no la inspiración. Sin embargo ahora, en esta última etapa, tuve que acudir a la inspiración, a la teoría que ya tengo y que puse en práctica. Fue decirme “ahora que estás más cómodo que nunca, ahora que eres mejor pagado que nunca, ahora que tienes aparente éxito más que nunca, ahora que ya no tienes desesperación, te va tocar seguir cambiando y reinventándote desde la inspiración”. Fue más complicado, más difícil esta última reinvención y de la que yo más siento orgullo personal porque se basaba en el desapego. Estaba sintiendo la pérdida de un éxito, del ego que estaba vanagloriándose en su reconocimiento, en sus elogios, en tantas cosas. Siempre digo que la desesperación para mí es el mejor maestro porque “o te reinventas o mueres”, mientras que desde la comodidad es “si no te reinventas vas a seguir aquí y no estás mal, no seas tan ambicioso”. Pero al final quiero ver la vida como ciclos, y ciclos que están constantemente abriéndose y cerrándose, porque es la única manera

en la cual no te vas a frustrar.

 

Tu conferencia es un llamado a caminar la milla extra. Sin embargo, ¿cuál es el punto de plenitud, o siempre habrá una milla pendiente? Y en ese caso, ¿existe el riesgo de cultivar la insatisfacción?

Lo que pasa es que cuando tú cultivas la gratitud tú no caminas la milla extra desde la insatisfacción, caminas la milla extra porque sabes  que hay mucho que te queda por aprender y que disfrutas el aprendizaje. Yo soy alguien que disfruta de aprender, entonces para mí no es una insatisfacción decir “uy, nunca voy a llegar”. Al contrario, para mí es una gran alegría saber que nunca voy a llegar porque siempre tengo un motivo para aprender algo, para reinventarme, porque lo que yo decía es que los seres humanos necesitamos certeza y variedad, sino la vida es un aburrimiento, un plato de estancamiento.3

Por mucho tiempo yo condicionaba a eventos mi felicidad, “cuando me gradúe voy a ser feliz, cuando me case voy a ser feliz, cuando tenga un auto mejor voy a ser feliz”. Así que lo que hice fue empezar a preguntarme ¿qué puedo yo transformar en el concepto de felicidad que no me de esos altibajos externos? Ahí encontré que es interior, que está en preguntarme ¿cómo mido que mis días sean días de progreso, como mido que mis esfuerzos sean validados con una sensación de crecimiento y contribución con otros? Cambié de paradigma, con una práctica de gratitud, porque el que no tiene la práctica de gratitud siempre está pensando en lo que no tiene, y eso sí es una insatisfacción eterna. Por otro lado, cuando tú tienes la gratitud de decir “me acepto como soy, acepto mis luces y mis sombras, busco dentro de mí para seguir hurgando y reencontrando cosas que son maravillosas”, no lo estás nutriendo al ambicioso, avaro, insatisfecho, sino al que cree que es un campo de posibilidades infinitas, inagotables. De ahí que ¿por qué te vas a querer quedar con una porción cuando puedes seguir expandiéndote? Pero expandiéndote desde la alegría.