Durante el 2016, vimos una nueva generación de “social media stars” apoderarse de campañas de moda, primeras filas en fashion shows y eventos top en Europa y Estados Unidos. Mediáticos y marcando tendencia, destacaron este año. No se sorprenda si nombres como Beckham o Day-Lewis le parecen conocidos: son los hijos de papá.

Doménico Dolce y Stéfano Gabbana, el legendario dúo de diseñadores italianos, puede haber pasado hace un buen rato la barrera de los 50, pero su espíritu –y su olfato comercial– se mantiene sorprendentemente joven. Tan joven en realidad, que la primera fila de su desfile de primavera masculina 2017, realizado en Milán en julio pasado, estuvo formado casi exclusivamente por millenials, y tuvo, cómo no, su propio hashtag, #DGMillenials, lo que permitió que millones de fanáticos alrededor del mundo pudieran seguir las doradas aventuras de este selecto grupo de invitados que incluyó, entre otros, a Presley Gerber, el hijo de 17 años de Cindy Crawford y Rande Gerber; Gabriel-Kane Day-Lewis, hijo de Isabelle Adjani y Daniel Day-Lewis; Peter y Harry Brant, hijos de la supermodelo Stephanie Seymour y el coleccionista de arte Peter Brant, y los hijos de Pamela Anderson y Tommy Lee, los modelos Dylan Jagger, de 18 años, y Brandon Thomas Lee, de 22. En medio de todos ellos, quizás para borrar cualquier sospecha de nepotismo, se encontraba Cameron Dallas, un “social media star” con más de 16 millones de seguidores en Instagram, que continúa siendo un gran desconocido para cualquier mayor de 20 años, que no tiene padres famosos, pero cuya personalidad arrasa entre “teens” y “tweens”. 1
La presencia millenial en el mundo social, del arte y la moda se ha hecho inevitable. Mire donde mire, ahí estará el hijo o la hija de alguna estrella o magnate que, celular en mano, pretende crear su propio camino profesional a punta de selfies y snapchats. Y el resultado, debemos aclararle, es fenomenal.
A los 18 años, Jaden Smith, hijo de Will Smith y Jada Pinquett Smith, tiene su propia línea de ropa, es rostro exclusivo de Louis Vuitton, y se ha puesto como misión personal derribar cualquier muro que haya existido entre el guardarropa femenino y masculino hasta su llegada. Su hermana menor, Willow, de apenas 15 años, ya es embajadora de Chanel, aparte de, como se autodefine, “poeta, matemática y artista”. Solo queda imaginar que será de ella a los 20.

Pero tanto éxito tiene sus explicaciones. Hablando con The New York Times, que hace unos días realizó un repor2taje sobre este tema (Fashion’s ‘It’ Kids), Gabriel Day-Lewis contó que las puertas de la moda se le abrieron cuando, casualmente, vio a Karl Lagerfeld saliendo de su estudio en París. “No pensé que me iba a reconocer, porque lo había conocido casi 10 años antes y ahora llevaba el pelo rubio”, dijo el aspirante a actor. “Pero cuando le dije que era hijo de Isabelle, me dijo que me veía muy bien y me ofreció participar en el show de Chanel”. Voilà! Eso fue todo lo Gabriel necesitó para comenzar una brillante carrera en las pasarelas.
No es sorpresa entonces que varios en esta nueva generación de starlets tengan apellidos rápidamente reconocibles, como el de Brooklyn Beckham, hijo de David y Victoria Beckham; Rafferty Law, hijo de Jude Law y Sadie Frost, que antes de cumplir los 20 ya apareció en la portada de Vogue UK; Levi Dylan, el nieto de 22 años del flamante ganador del Nobel de Literatura, Bob Dylan; o Lottie Moss, la hermana menor de Kate Moss que a los 18 años, y una estatura mínima, ya es considerada una de las grandes promesas del modelaje. Lo mismo sucede con Kaia Gerber, hermana de Presley, que a los 15 años ya ha hecho campañas para Miu Miu y Alexander Wang y ocupó la portada de Vogue Paris junto a su madre, Cindy Crawford.
La fama llama a la fama y el dinero llama al dinero, como queda claro estudiando las cuentas de Instagram de esta nueva generación de luminarias “it” que, cumpliendo los sueños de cualquier voyerista, comparte todo, absolutamente todo, en las redes sociales, desde el bikini que usó en sus vacaciones en Los Cabos hasta la ensalada de langosta que comió antenoche en Indochine, en Nueva York.4

Hailey Baldwin, Gigi y Bella Hadid, Kendall Jenner y Sofia Richie son algunas de las princesas “fashion” e “instagirls” que parecen haber heredado sus coronas gracias a conexiones familiares, la primera como hija de Stephen Baldwin y, por lo tanto, miembro del famoso clan de actores de Hollywood; las tres siguientes como starlets provenientes de “reality shows”; y la última como hija de Lionel Richie y hermana menor de Nicole Richie, una mujer que ahora, a los 35 años, ya puede ser considerada una veterana de la celebridad nepotista.
Aunque es todavía muy temprano para comentar el talento de los miembros de esta nueva generación, si es que existe, nos atreveríamos a asegurar que su juventud, belleza y rampante narcisismo los hace candidatos ideales para la fama moderna. A veces eso es todo lo que se necesita, como han demostrado en la última década Kim Kardashian o Paris Hilton, que se han convertido en personalidades globales y, de paso, en inesperadas multimillonarias.
Su ejemplo sin duda ha tenido efecto en la nueva camada, que considera el posteo incesante en Instagram un trabajo full time, y la asistencia a la fashion week una vocación. Puede que ninguno de los miembros de este exclusivo club necesite realmente trabajar, pero eso no significa que no tengan aspiraciones profesionales, las que inevitablemente van por el lado de la moda, la actuación o la música. No hay ninguno de ellos que no se considere a sí mismo como Dj, una actividad que, a su modo de ver, no involucra mayor esfuerzo que conectar su iPhone a poderosos parlantes y tocar su “playing list”. Si Paris Hilton puede hacerlo (cobrando fortunas, además), ¿por qué no Kaia?

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