El piloto de la aeronave estrellada en Medellín, Colombia, que resultó con 71 personas fallecidas, pidió auxilio a la torre de control del aeropuerto por tener una “falla eléctrica total, sin combustible”.

“Señorita, Lamia 933 está en falla total, falla eléctrica total, sin combustible”, esas fueron las palabras que dijo en reiteradas ocasiones Miguel Quiroga, el piloto del avión accidentado en Medellín a la torre de control del aeropuerto. Del impacto sólo sobrevivieron 6 de las 77 personas que viajaban en el chárter.

La razón del accidente fue confirmada por las autoridades de Aeronáutica Civil: “Lamentablemente, la aeronave no contaba con el combustible establecido de seguridad”, ha declarado el coronel Freddy Bonilla, secretario de Seguridad Aérea. “Tras llegar al lugar del accidente para realizar la inspección de los restos del avión, podemos afirmar claramente que la aeronave no tenía combustible en el impacto”. Por ese motivo, el avión no habría podido volar hasta otro aeropuerto cercano.

El avión siniestrado no cumplía con la obligación de que cualquier vuelo, ya sea de una compañía o privado, cuente con combustible de reserva para garantizar dos maniobras de seguridad: desplazarse al aeropuerto alternativo más cercano (que siempre debe estar reflejado en el plan de vuelo) y sobrevolarlo al menos por media hora, en caso de que fuera necesario esperar para aterrizar en la pista, además de contar con cinco minutos extra de combustible para emergencias, según el medio digital El Mundo.

Según el relato de Aeronáutica Civil, a las 21.41 horas de este lunes la aeronave contactó con la torre de control para hacer una aproximación al aeropuerto de Rionegro, en Medellín. A las 21.49 pidió prioridad para aterrizar por un problema de combustible y desde la torre de control pidieron más detalles sobre qué ocurría. A las 21.52 el piloto declaró la emergencia por combustible, a las 21.57 anunció una falla total eléctrica y pidió vectores para dirigirse directamente a la pista de aterrizaje. Finalmente, a las 21.58 la torre de control pierde la ubicación del vehículo y no puede dar vectores, observa que el avión está a 9.000 pies y se pierde la comunicación.

Ximena Suárez, la auxiliar de vuelo que ha sobrevivido al accidente, ha declarado que el avión “se apagó por completo” y “tuvo un fuerte descenso” antes de sufrir “un gran impacto”.

Ayer, en el día que se había programado jugar la final de la Copa Sudamericana entre Chapecoense y Atlético Nacional, las puertas del estadio Atanasio Girardot, en Colombia, y del Arena Condá, en Brasil, se abrieron para rendir homenaje a las víctimas del accidente aéreo que se llevó la vida de 71 personas.

Mira como se desarrolló este multitudinario homenaje.

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