Su compromiso con el medio ambiente y con sociedades más equitativas, los motiva a apostar por prácticas responsables. Estos diseñadores ven en la moda un espacio para promover el cuidado del planeta.

Quito. Producción: Diana Contag. Fotos: Soledad Rosales. Guayaquil. Producción: Carla Murtinho. Fotos: Joshua Degel. Asistente de Produccion: Adriana Peñaherrera / Instituto Eurodiseño / IG: @unbearablgirl @eurodiseño.

Vanessa Alarcón y María Puente Silva

ALLPAMAMAS

IG: @allpamamas

“Hoy en día hay muchas definiciones de moda sostenible/lenta/ética… para nosotras trabajar desde la sustentabilidad es hacer moda con respeto, respeto a la tierra, a los materiales, a los procesos, a las personas, no explotar nada ni a nadie, cuidar el agua, la energía y cada uno de los recursos durante los procesos de producción”.

La marca Allpamamas, al frente de Vanessa y María, apuesta por estos principios, cuidando cada proceso desde los materiales hasta la prenda terminada. “También pensamos en la vida de la prenda, su durabilidad y, por supuesto, en el momento en el que el consumidor la deseche, por lo cual trabajamos con materiales 100% biodegradables. Estamos trabajando para poder trazar el proceso e impacto de cada una de nuestras prendas y que el consumidor esté 100% informado”, señala María.

Desde su perspectiva y experiencia, la rentabilidad que se genera en una empresa de moda que paga bien a sus trabajadores, utiliza materiales de calidad y cuida sus procesos es muy diferente a la rentabilidad de una empresa que explota y tiene como un solo objetivo generar capital, pero eso no quiere decir que la moda sustentable no sea un negocio, es un negocio consciente, dice María. Y en esta dinámica el consumidor es clave. 

Allpamamas trabaja para crear impacto ambiental, social y cultural. Fibras naturales, tinturas vegetales que no contaminan el agua, cero desperdicio y salarios justos, hacen parte de su trabajo diario. “Mediante la investigación y el uso pretendemos rescatar técnicas textiles en peligro de extinción, como es el caso de la Makana o Ikat Ecuatoriano”, cuentan. Y en cada diseño está presente el reto de que sea lo más respetuoso con el planeta, no deje de ser interesante a nivel estético y siempre sea funcional para el consumidor, dice Vanessa.  

La industria de la moda es la segunda industria más contaminante del planeta, es responsable del 20% de emisiones de CO2 a nivel mundial. “No podemos visualizar un futuro en el que la industria y el consumo de moda sigan al ritmo en el que se encuentran hoy en día. Por lo tanto solo un cambio radical en la industria y el consumo pueden salvar la salud del nuestro planeta”, concluyen.

Juan Xavier Terán, José María Chiriboga y Felipe Gabela

Remu Apparel

IG: @remu.apparel

Remu comenzó como una marca de aventura, y su primer producto fueron unas hamacas. No fue sino hasta que estos tres amigos se dieron cuenta de la cantidad de desperdicio que se generaba y de las condiciones deplorables de la gente en la industria textil, que decidieron apostar por un cambio. Decidieron buscar un producto que se alinee con sus valores. “Al darnos cuenta de la cantidad de ropa que se desperdicia diariamente vimos que había una oportunidad de usar eso como materia prima. Nosotros vemos la moda como una avenida para reducir el desperdicio textil que existe en el mundo. La sustentabilidad no solo se refiere al tema ambiental; para que algo sea realmente sustentable debe incluir el ámbito social y económico”, afirman. 

Desde esta perspectiva, Remu trabaja con comunidades y pequeños artesanos como proveedores y para todo el proceso de manufactura, además, trabajan con comunidades de mujeres. Para ellos la correlación entre las prácticas éticas de una compañía y la rentabilidad es una realidad. “Nosotros, como compañía, precisamente buscamos probar que no es necesario sacrificar lo ético y sustentable para ser rentable, es más, que a largo plazo es beneficioso y te da una ventaja competitiva frente a los otros actores de la industria”. Por eso, frente al consumidor, es importante ser transparentes, señalan.

Jeans de segunda mano y desperdicio textil se han convertido en insumos preciados para dar vida a las prendas de Remu. “Cuando no es posible usar una tela re-usada, siempre buscamos textiles naturales y que tengan un impacto muy bajo en el medio ambiente”, dicen. Es que para este trío todo su trabajo se enfoca en lo sustentable y todo comenzó, como recuerdan, con su icónica chaqueta hecha de jeans reusados. 

Paola Jácome

ANANAY

IG: @a_n_a_n_a_y

Paola se formó en historia y diseño de modas y siempre llamaba su atención lo ligada que ha estado la producción textil a nuestra historia; “la economía de estos territorios se fundó en esta actividad; por largos períodos, fuimos proveedores continentales e incluso de los paños y lienzos de la Audiencia de Quito durante el siglo XVIII por ejemplo”. Le apasiona la intensidad de los colores de los textiles producidos en Los Andes, y sintió entonces la necesidad de generar, por medio del diseño, un valor agregado a la producción de indumentaria con los textiles tradicionales. “Poco a poco fui investigando y conociendo procesos en la producción de materiales y mi enfoque se modificó también”, nos cuenta.

Con su marca Ananay, Paola apuesta por la moda sostenible que, según dice, plantea un equilibrio entre tres sistemas interdependientes (ambiental, social y económico). “De esta manera quienes intentamos ofrecer alternativas a la industria masiva de moda, podremos decidir en qué aspectos fortalecer, compensar, informar y apoyar en los procesos de mejorar nuestras costumbres en relación a la producción, consumo y cuidado de la ropa”.

Ananay es una marca que maneja distintas propuestas en distintos productos. “Trabajamos con tela de algodón fabricada en pequeños talleres familiares en la provincia de Imbabura, hemos investigado la procedencia de las materias primas y hemos decidido trabajar con determinados proveedores de quienes revisamos que tengan procesos responsables con el medio ambiente. Comparamos el textil crudo y teñimos algunas de las telas con tintes naturales. El comercio justo y el incentivo a fortalecer las economías locales son dos de nuestros ejes fundamentales”. Sus dos líneas, una de moda y otra de decoración, utilizan materiales biodegradables o reutilizados. 

Marta Lía Sánchez y Verónika Sálomon

MARTALÍA

IG: @martaliajewelry

Madre e hija dan rienda suelta a su pasión y creatividad en el mundo de las joyas. Marta Lía incursionó en él hace aproximadamente 19 años, luego de graduarse como diseñadora de joyas y diseñadora textil. Hoy está al frente de la marca junto a su hija Verónika. “Desde el inicio la sostenibilidad es nuestro pilar principal. Es un tema de responsabilidad. Desde el tipo de materias primas que elegimos, (trabajamos únicamente con materiales naturales) hasta el proceso de producción, (manual, único; nos alejamos de la bisutería y del producto en serie de bajo costo y baja duración), y finalmente se deriva en un consumo responsable. Las personas cada vez son más conscientes sobre el impacto que tienen sus decisiones de compra en el futuro del planeta”, señala Verónika y destaca que gracias al consumidor responsable, es que su línea de retorno (renta de joyas ) y su servicio de reciclaje de joyas funciona de maravilla.

La marca ha desarrollado una línea exclusiva de joyería sostenible, en la que trabajan con materiales que muchos consideran desechos, pero que para ellas son verdaderos tesoros: tetrapak, seaglass, e-waste, entre otros. Así, orgullosas de su propuesta, también están en proceso de certificación de carbono neutralidad. “Esto quiere decir que toda la joyería será carbono neutro; midiendo, reduciendo y compensando nuestras emisiones con apadrinamiento de árboles en nuestra Amazonía”, cuenta Marta Lía. 

Coherentes con ello, cuestionan la moda irresponsable. “Son esas bambalinas que cuestan poco y duran nada, trabajadas en cantidades industriales y con materiales nocivos. Son esos caracolitos sacados del mar en cada choker del momento, son esas resinas plásticas que simulan piedras… es la industria de lo desechable. Nuestro trabajo es revalorizar el arte y la capacidad que tenemos de crear con nuestras manos piezas perfectamente imperfectas, que cuentan una historia, que perduran y que además contribuyen a cocrear un mejor planeta” concluye Verónika.

Isabel Pérez

Hera 

IG: @_hera_studio 

Aunque Isabel es arquitecta de profesión, la moda siempre ha estado presente en ella; y hace siete meses lanzó la primera colección de su marca Hera. 

Desde hace algunos años empezó a investigar sobre la moda sustentable, sobre procesos de producción y materiales. Decidió entonces crear una marca de ropa bella por fuera pero también por dentro. 

Isabel afirma que la moda sustentable está más consciente del impacto que sus productos tienen en el medio ambiente, que pone más énfasis en la calidad del producto, paga justamente a los artesanos que confeccionan la prenda, y que utiliza materiales que no contaminan. Sin embargo, el consumidor también debe estar informado si quiere ser coherente con esto. “Comprar prendas que sean hechas de un solo material, evitar prendas de composiciones mixtas, elegir las fibras naturales: algodón orgánico, lana, lino, hemp, ortiga y yute. También algunas opciones son las fibras artificiales como el tencel y el lenzing modal.  Es importante como consumidor apoyar a marcas que trabajen con artesanos y que promuevan una causa social”, dice Isabel. 

Hera es un proyecto de moda sustentable que en cada colección experimenta con diferentes métodos de producción y materiales conscientes con el medio ambiente. Todas sus prendas son hechas a mano utilizando prácticas éticas. Su reciente colección está confeccionada con retazos de textiles vintage de los años 50’s; y la próxima utilizará únicamente tinturas naturales de plantas, vegetales y frutas. Isabel está convencida de que todos los diseñadores están en la obligación de seguir buscando nuevas formas de moda sustentable que sean más asequibles; “ese es el desafío que yo tengo; y creo que el siguiente desafío es democratizar la moda sustentable, que sea para todos”. 

Hugo Gonzenbach 

CULTO 

IG: @culto.ec 

“Mi participación en el mundo de la moda nació como parte de la estrategia de revalorizar la cultura toquilla del Ecuador; el enfoque fue siempre la sostenibilidad”, nos cuenta Hugo Gonzenbach, creador de la marca Culto. El tejido beige con cinta negra que da forma al clásico Panama Hat, que marcó un alto impacto en la moda, se convirtió en la pasión de Hugo. “De hecho, este mismo modelo de sombrero fue el que se expuso en el MoMA en el 2017, artículo al cual tuve el honor de curar, como parte de la exhibición ‘Items: Is Fashion Modern?’ que incluyó 111 elementos del mundo de la moda que cumplen la misma trascendencia que el sombrero el clásico de paja toquilla”. 

Hugo resalta que la moda tiene que ser sustentable, y considerar los ejes social y ambiental. “En cuanto a lo social, los trabajadores no pueden ser explotados con sobretiempos y malos pagos, como ya se ha demostrado que sucede a veces en la industria textil y de moda; y en lo ambiental, no puede contaminar el agua con químicos para teñir, tampoco puede generar desperdicios gigantescos de ropa que pasa de moda o sale con fallas y termina en los mismos botadores que la basura convencional”, señala él.

El diseñador insiste en que el cambio principal debe darse puertas adentro y es el consumidor el que debe exigir a las marcas que implementen prácticas sostenibles en su producción.

Culto le ha permitido implementar comercio justo y además usa una fibra natural que se teje a mano y que crece a la intemperie en la montaña sin el uso de agroquímicos. “Mi especialidad son los sombreros finos de paja toquilla y en ellos ofrezco una trazabilidad que nunca antes se había manejado, empezando por el hecho de saber quién es el artista tejedor detrás de la obra que se está comprando”. 

Melissa Murtinho

IG: @melissamurtinho

Con 12 años en el mercado y en el diseño de modas, Melissa nos cuenta que inclinó la mirada hacia la moda sostenible gracias a la invitación de Premios Latinoamerica Verde en 2015. “Me propusieron diseñar una colección slowfashion para algunas de las mujeres que asistirían a la gala de premiacion. No sabía cómo lo iban a recibir pero a la gente le encantó la colección y el significado del concepto slow. Esta misma colección la presenté en Designerbook 2015 (Plataforma Ecuatoriana Internacional de Diseño y moda que promueve la moda sostenible). Desde entonces trato de crear conciencia con mis diseños y enseñar a otros que sí se puede estar a la moda siendo coherentes”, nos cuenta la diseñadora.

Melissa promueve que el consumidor aprecie la calidad vs la cantidad, que valore el trabajo que hay detrás de cada pieza que compramos y que tenga certeza de que no exista una explotación del personal o recursos.

“Todos los diseñadores locales manejamos nuestra propuesta #slowfashion manteniendo a nuestros empleados con un trabajo digno y optando por adquirir materiales de bajo impacto social”, afirma Melissa. 

Cree que hoy más que nunca los consumidores están interesados en entender el concepto de moda lenta y como tips sugiere: exigir mejor ropa, no más ropa; extender la vida de tus prendas; optar por marcas éticas y  sostenibles; y reutilizar y reparar tus prendas.

En todas sus colecciones slowfasion, Melissa ha utilizado materiales no convencionales precisamente para crear conciencia. Cortinas, manteles, vestidos vintage y muchos en desuso hacen parte de sus prendas exquisitamente diseñadas. “Siento una gran responsabilidad de enseñarle a la gente el valor de las piezas, enseñarle a apreciar el tiempo de la gente que trabaja en ellas, y parar el consumismo.